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30 julio 2009 4 30 /07 /julio /2009 00:00

Aún estamos a tiempo de recuperar la institucionalidad de nuestro País; aún que-dan visos de democracia en nuestro sistema y una reserva moral muy importante en nuestra población, –aunque condicionada y, en mucho, manipulada–. No obstante, el tiempo se agota; la consciencia de ello debe impulsarnos a actuar con responsabilidad oportuna y eficiente. De nada sirve actuar adecuadamente a destiempo, o de manera expedita pero errática. Hemos sido testigos de ambos comportamientos de manera sistemática.

     Cuando Chávez y sus cómplices perpetraron el afortunadamente fallido golpe de estado del 4F (1992), mucha gente, repito, mucha gente, consideró acertada o, por lo menos, justificable esta acción; a tal punto, que siete años más tarde Chávez llegaba a la Presidencia con un abrumador y mayoritario apoyo popular. Desde entonces, y debido a la evidencia de que las intenciones de los otrora alzados en armas eran casi ex-clusivamente hacerse del poder, hemos visto un numerosísimo desfile de ex-aliados –a quienes no mencionamos por no dignificar una conducta cómplice– que tardíamente reaccionaron desengañados ante el abuso gubernamental. Así hemos escuchado lamentables declaraciones de tutores, compañeros de armas, copartidarios, aliados militares y políticos, y “hermanos del alma” que han sido –y seguirán siendo– desechados al manifestar el más mínimo desacuerdo. La mayoría de estos “asociados” pudo haber hecho algo mientras tuvieron acceso a las decisiones importantes; después de ser execrados se convirtieron en “enemigos del proceso”, sumados al bloque de la oposición e imposibilitados de actuar como antes pudieron haber hecho. Muchos de ellos pretenden darnos clases de moral por su actuación cuando lo que les corresponde, en primer término, es reconocer que NUNCA debieron haber respaldado a este régimen. Qué desagradable es escuchar cobardes explicaciones de quienes no tuvieron “pantalones” para decirle al mandamás: ¡Estás equivocado!

     He allí el meollo del asunto: de poco nos sirve recapacitar cuando es demasiado tarde; y cada vez se hace más TARDE. No esperemos a que los reducidos visos democráticos desaparezcan de nuestro sistema para intentar infructuosamente corregir lo que no hicimos cuando aún era posible... y todavía es posible. Pero debemos hacerlo nosotros, todos y cada uno de los venezolanos; no esperemos milagrosos apoyos foráneos. Ya vimos como las instancias internacionales sirven para cualquier cosa, menos para auditar el comportamiento democrático de los gobiernos; vimos como el club de comadres de la OEA, así como la Comunidad Europea, la ONU y la mayoría de las naciones democráticas respaldan incondicionalmente a un derrocado presidente que había socavado el institucionalismo de su país, subordinándolo a un proyecto inter-nacional que condicionaba su soberanía. Reitero, sólo podemos lograrlo nosotros; actuando conscientemente, coherentemente y eficientemente en nuestro próximo encuentro con las urnas electorales. Ya hemos sido testigos de que los “atajos” sólo nos llevan a rumbos desconocidos, siempre utilizados por el presente régimen para justificar sus  tropelías; no nos dejemos embelesar por cantos de sirena que nos ofrecen salidas fáciles o rápidas. Eso no es posible en la Venezuela actual, y, por el contrario, consolida   –como sucedió en el 2002– el poder despótico del autócrata (persona que ejerce por sí sola la autoridad suprema de un Estado, DRAE).

     Este régimen ha avanzado en el control de la sociedad a niveles inimaginados hace diez años. Primero se valió de la consabida –y previamente utilizada– demagogia para ganar adeptos, posteriormente recurrió a la manipulación de los más necesitados y ahora se basa en el chantaje, la amenaza y, frecuentemente, la violencia –física, política y judicial– para controlar a los díscolos; sean del gremio que sean.

     Si consideramos que la ruta que llevamos como sociedad no es la más adecuada. Si creemos que diez años de experimentación –dos períodos presidenciales según la Constitución del 61– son suficientes para demostrar la eficiencia (o ineficiencia) de un régimen; sin esperar a vivir cincuenta años de “revolución” para descubrir que fue un espejismo, donde la única garantía es la de que el hermano (?) del presidente lo suceda para consolidar el "proyecto" de los dueños del país. Si mantenemos el espíritu rebelde que nos llevó a deshacernos de la politiquería demagógica, irrespetuosa y corrupta de quienes rigieron el país los últimos años de alternancia democrática (nunca tan demagógica, tan irrespetuosa ni tan corrupta como en la actualidad). Si deseamos que nuestros hijos vivan en una sociedad de trabajo, respeto y concordia; ajena a la permanente y avasallante presencia del factor político en todas y cada una de nuestras actuaciones. Si, en resumen, mantenemos la creencia de que es posible mejorar nuestra condición de vida, sólo con el hecho de poder decidir nuestro destino; este es el momento...

     Es ahora cuando debemos manifestar nuestra inconformidad, es ahora cuando debemos levantar nuestra voz de protesta, es ahora cuando debemos participar activamente para intentar influir en la toma de decisiones a todos los niveles. Cada grano de arena es importante y necesario para levantar la muralla de contención que limite los abusos de poder, que evite el derrumbamiento de lo que queda de institucionalidad democrática.

     Si no actuamos hoy, mañana estaremos lamentándonos por no haberlo hecho. Seamos privilegiados protagonistas de nuestro destino al “hacer la historia, para que otros la escriban en un mundo mejor”, como pidiera Alí; o como sentenciara Alberto Arvelo: "duele lo que se perdió cuando no se ha defendido". No esperemos a berrear la pérdida de nuestra Democracia si no supimos defenderla cuando aún era posible. Según mi criterio, ese “aún” se extiende hasta el 2012, pero comenzando hoy; después será DEMASIADO TARDE.

30 de julio de 2009

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Published by Rafael Bervín Farías - en POLÍTICA
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